Una inspección previa convirtió dos alturas en una clínica completamente accesible.
El local tenía un desnivel superior a 40 cm. Mantenerlo habría exigido tres peldaños o una rampa de unos cuatro metros, perdiendo una superficie esencial en un espacio reducido.
Las manchas de los zócalos llevaron a revisar con la comunidad una red de saneamiento muy deteriorada. Su cota permitió sustituir el vertido y rebajar el suelo más alto para proyectar toda la clínica a nivel de calle.
Se eliminaron rampas y escalones, se aprovechó mejor cada metro y la comunidad reparó el saneamiento con la obra abierta. Ocho años después, el local continúa sin problemas de humedad: un auténtico ganar–ganar–ganar.




